viernes, 30 de noviembre de 2007

España suspende en ciencias

Miguel Servet, Villanueva de Sigena (Huesca), 29 de septiembre de 1511-Ginebra, 27 de octubre de 1553


España vuelve a no salir muy bien parada en el último informe del Programa Internacional de Evaluación de estudiantes, PISA, según sus siglas en inglés, relativo al año 2006. De lo que se trataba ahora era de determinar el nivel de conocimientos científicos de los alumnos en los países desarrollados. Y los compatriotas de Servet, Ramón y Cajal o Marañón no hemos salido muy rumbosos. Y no digamos los andaluces, una vez más a la cola.

Esta ‘inferioridad’ de los españoles en el terreno científico no es nueva. Y no podemos achacársela en exclusiva a nuestro convulso siglo XX y al frenazo de la guerra y la posterior represión franquista, que terminaron provocando una diáspora no sólo de políticos o artistas, sino de lo mejor de nuestra entonces incipiente comunidad científica. Históricamente los españoles hemos dado eminentes poetas, pintores, arquitectos o dramaturgos. Pero nuestra nómina de grandes científicos resulta irrisoria si la comparamos con la de países de nuesra órbita europea como Reino Unido, Francia, Italia, Holanda o Alemania.

En este sentido, si nos fijamos, por ejemplo, en la ‘edad de oro’ del pensamiento científico moderno, la que se extiende por los siglos XVI, XVII y XVIII, resulta muy complicado encontrar a un español. Copérnico, Brahe, Galileo, Kepler, Newton, Descartes, Bacon, Leibniz... Sólo al genial Spinoza lo podemos considerar como ‘uno de los nuestros’, en la medida en que desciende de judíos expulsados en tiempos de los Reyes Católicos (por si no tuviéramos bastante).

Algunos han atribuido esta carencia al ‘carácter español’, a la predominante latina o mediterránea (el sol, el mar, el clima..., como si en León no hiciese el frío de Königsberg) que nos haría incompetentes para las tareas intelectualmente rigurosas ( El Quijote no es un producto mayúsculo de la inteligencia humana, claro), convirtiéndonos en unos negados para la ciencia y la filosofía (ramas del saber hoy escindidas, pero que no dejan de designar en origen a la misma realidad) Entonces, ¿cómo explicar la inclusión de italianos o franceses entre los hombres más luminosos de la Ciencia de su tiempo?

Está claro que el espíritu de la Contrarreforma, alentado por la monarquía española, no favoreció la creación de un clima intelectual propicio. A un lado y otro del ‘telón de acero’ religioso de la época, los cultivadores del saber se enfrentaron -en ocasiones pagando con la vida, como Bruno, en otras traicionando sus propias convicciones, como el temeroso Galileo- al poder represor de sus iglesias. Pero los aires de apertura en la esfera económica, política, social y científica ligados a la ética del protestantismo (por decirlo con Max Weber) propiciaron una verdadera revolución en el orbe cristiano que más tarde fundamentaría el nacimiento de los Estados Unidos.

España, afortunadamente, se ha desprendido de muchos lastres en los últimos treinta años, hasta el punto de que estamos en camino de acabar con nuestra inane pelea con la Ciencia. Pero la incomprensible e irresponsable tacañería de los diferentes políticos que nos han gobernado están suponiendo un fardo que nos está impidiendo dar el salto definitivo. Porque los datos del ‘Informe PISA’ tienen su correlato en las instancias ‘superiores’. Y aquí es donde se nos revela la precariedad de los investigadores, la escasez de laboratorios, la falta de medios y de recursos en este capítulo de la octava potencia mundial.

O nos ‘espabilamos’ o, a este ritmo, escuchar a un andaluz diciendo ¡eureka! va a ser más difícil que un judío llegue a presidente de Gobierno en Irán.

jueves, 29 de noviembre de 2007

La Red y los videojuegos tiran del mercado del ocio

Pues sí. Ya nos lo imaginábamos. Pero los datos vuelven a confirmar esta certeza: las nuevas tecnologías –con Internet como cabeza de lanza- están poniendo patas arriba el mercado de la comunicación y el ocio, tal y como lo habíamos conocido hasta hace unos pocos años. Según un informe publicado por PriceWaterhouseCoopers, en 2008 sólo el acceso a la Red y el sector de lo videojuegos crecerá por encima del 10%. En concreto, el gasto por acceso y publicidad en Internet se verá incrementado el año que viene en un 15,3%, por un 10,6% de los videojuegos. Y las previsiones para España no resultan menos elocuentes. En nuestro país el informe otorga a la televisión de pago un incremento de mercado cercano al 20%, por un 15% de Internet y un 9,4% de los juegos para consolas y ordenadores para el periodo 2007-2011, de lo que se deduce que prácticamente la mitad del crecimiento total del sector durante los próximos cinco años estará debido a las tecnologías digitales y móviles.

El mercado publicitario y el gasto en acceso a Internet generarán de este modo casi 60.000 millones de euros, gracias en buena parte a la influencia de uno de los factores decisivos en esta tendencia, como son las ofertas “triple play”, es decir, aquellas que incluyen conexión a la Red, teléfono y televisión.

Pero uno de los campos en los que se notará de forma más importante “el factor Internet” será el de la industria discográfica. En los próximos años sufrirá un descenso medio de 1,1% anual, hasta los 6.947 millones de euros de beneficio. El mayor descalabro se producirá en las ventas de CD, que bajarán un 7,5% de media hasta 2011. ¿Supone esto un agravamiento en la tan traída “crisis” del sector? Según se mire. Porque las descargas de música por la Red subirán un 57,9% de media anual hasta 2011, de modo que el efecto de la piratería seguirá siendo un elemento dañino pero afectará más a la distribución en soporte físico que a la industria musical en general.

Por su parte, la distribución de libros y prensa tradicional (2,3% y 2,2% respectivamente) y la cinematográfica (4,5%) verán descender su cuota de negocio a causa de las nuevas tecnologías. Y en el último de los casos citados también se vuelve más compleja. Las salas de proyecciones digitales –que aumentarán de las 400 actuales a las 6.000 que se esperan en 2011- y la alta definición serán fundamentales. Las primeras, además, abaratarán los costes de distribución, lo que habrá de permitir un crecimiento de los ingresos por venta en taquilla. Además, las descargas legales generarán beneficios mayores que hasta ahora. Pero, sin duda, será el mercado de los videojuegos, en franca expansión, uno de los sectores clave dentro de la industria del ocio en los próximos tiempos. En España, este mercado ya es el quinto de Europa y una cuarta parte de los hogares del país cuentan con una consola. Las nuevas “evoluciones” (Xbox 360, de Microsoft, Wii, de Nintendo, y PS3, de Sony) serán su principal impulsor y provocarán que la demanda de videojuegos crezca un 6,3% anual.

La consecuencia de todo esto, aparte de los sustanciales cambios que para el mercado en general las nuevas tecnologías están introduciendo, es que se ha creado una clase de nuevos ricos ligados a estos sectores. Sin ir más lejos, el presidente de Apple, Steve Jobs, encabeza la lista elaborada por la revista estadounidense Fortune de los 25 empresarios más poderosos del mundo, mientras que el magnate de la comunicación Rupert Murdoch se posiciona en segundo lugar. Cómo no, los fundadores de Google, también están muy arriba, en concreto cuartos, tras haber revolucionado el mundo de la publicidad a través de su motor de búsqueda. Bill Gates, el “probe”, sólo es séptimo y en mi pueblo dicen que ya lo han visto vendiendo copias piratas del Windows Vista por los mercadillos.


Los 10 más poderosos

1. Steve Jobs. Apple.

2.
Rupert Murdoch. News Corp.

3.
Lloyd Blankfein. Goldman Sachs.

4.
Eric Schmidt, Larry Page, Sergei Brin. Google.

5.
Warren Buffet. Berkshire Hathaway.

6.
Rex Tillerson. Exxon Mobil.

7.
Bill Gates. Microsoft.

8.
Jeff Immelt. General Electric.

9.
Katsuaki Watanabe Toyota.

10.
A. G. Lafley.Procter & Gamble

viernes, 23 de noviembre de 2007

La tele y la sociedad del espectáculo

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Primero quiso darle una sorpresa. Y urdió un plan para llevarla a la tele. Una vez en el plató, como el conejo de la chistera, aparecía por arte de magia de uno de los laterales. Todo un efecto que despertó los aplausos de un público que sacaba los pañuelos en previsión de una más que inminente reconciliación. El joven había mantenido una relación sentimental con la invitada que ésta había roto hacía un mes. Ahora, con su participación en el programa de televisión pretendía recuperar su amor. Pero, la propuesta de matrimonio, con anillo incluido, fue rechazada. Un ooohhh se adueñó del plató. Un ooohhh que preconizaba el grito desgarrado de la víctima al recibir tan sólo unos días más tarde la puñalada en el cuello que al tiempo que terminaba con su vida iniciaba la existencia huérfana de un niño de dos años.

No era la primera vez que algo así ocurría. El caso de la joven Svetlana nos ha traído a la cabeza el de Ana Orantes, ¿recuerdan?, aquella mujer granadina maltratada, que fue quemada viva por su marido tras relatar su historia en televisión. Las dos son ejemplos manifiestos de la moderna tortura hacia la mujer. Pero, ¿sólo eso? ¿No debe obligar al Gobierno, a los jueces, a la policía a actuar con mayor diligencia? ¿Y no deberían los medios de comunicación envueltos en casos como éste reflexionar también sobre su grado de responsabilidad? En este reciente el detenido por el apuñalamiento mortal había sido condenado el pasado 31 de octubre por un delito de maltrato a 11 meses de prisión, con prohibición de acercarse a la víctima a menos de 500 metros, aunque al no habérsele comunicado la condena al acusado, ya que no pudo ser localizado por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, no era una “sentencia firme”.

Pero las teles prefieren lavarse las manos. Una escueta disculpa, un “no teníamos ni idea”, como si la esencia misma de determinados programas no alentara el convertir la vida en “espectáculo”, no en el sentido en el que el DRAE define este término -como “función o diversión pública celebrada en un teatro, en un circo o en cualquier otro edificio o lugar en que se congrega la gente para presenciarla”-, sino llegando a considerar la existencia íntima del personaje como el fin último de su trabajo. Fernando Fernán Gómez, que se nos acaba de ir, fue un ejemplo de resistencia a esa “espectacularización” de la sociedad, lesiva con la intimidad, que es seña de nuestro tiempo y que ya describiera Guy Debord hace justamente cuatro décadas en su conocido La sociedad del espectáculo.

No toda la televisión merece estar en esta categoría. Lejos de lo que afirman algunos “apocalípticos”, en el sentido que Umberto Eco le confería a este término, existe una tele de calidad. Es la de espacios como 'Página 2', 'Informe Semanal', 'En portada', pero también, dentro del terreno del entretenimiento, la de programas como 'Buenafuente', o 'Sé lo que hicisteis'; pero hay otra, barriobajera e irresponsable, que al producirse dramáticos acontecimientos como los relatados nos animan a sostener con Debord: “El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño.”

Artículo recomendado: Editorial de El País (23/11/2007)
Texto íntegro en castellano de La sociètè du spectacle, Champ Libre, 1967

jueves, 22 de noviembre de 2007

Fernán Gómez y el último abrazo


Cuando sólo era un niño y eso que llamamos Cultura distaba mucho de encontrarse entre mis preocupaciones -a no ser que fuera la "cultura" de hacer campamentos en torno a los olivos y algarrobos de mi pueblo- Fernando Fernán Gómez (Lima, 1921-Madrid,2007) ya era una institución en este país. Actor, director, escritor. Referencia obligada, imprescindible, mayúscula, dentro de un cine como el español al que nunca le han sobrado referentes sólidos, mis primeras evocaciones me llevan a aquellas películas en blanco y negro, más voluntariosas que brillantes, en las que daba salida a su desbordante vis cómica como el gran anti-galán clásico que fue.

Durante años le perdí la pista. Aunque él seguía ahí, erre que erre, poniendo crucecitas al lado de las casi doscientas películas en las que actuó, y dirigiendo y escribiendo novela, poesía, teatro, y ganándose la letra B de la Real Academia Española de la Lengua que le era concedida en el año 2000, convirtiéndose en el primer actor en formar parte del comité de sabios de nuestra lengua. Cierta prejuicio intelectualoide me había separado de su carrera. En mi percepción, formaba parte de esa cohorte de artistas que como Imperio Argentina, Alfredo Mayo o incluso Paco Martínez Soria –que ya es confundir-, se habían encargado de entretener las televisivas tardes y noches de mi infancia. Y yo, claro, ya era un niño de la generación de “La bola de cristal”, imbuido por un espíritu renovador que sólo más tarde descubrí que anteponía sonoro artificio a verdadera y profunda hondura artística.

‘El viaje a ninguna parte’, película que terminé adorando, no la descubriría hasta años más tarde de haberle granjeado tres goyas. Y así, no lo reencontré hasta que de la mano de Cuerda protagonizó el personaje de un Dios piadoso y mundano en ‘Así en el cielo como en la tierra’. A partir de entonces, y salvo intermitencias puntuales, se convirtió en uno de mis grandes compañeros de viaje en el "rutilante firmamento del cinema". Per no fue precisamente hasta sus últimos diez años de carrera cuando mejor pude disfrutar de su enorme talento interpretativo. Cintas como ‘El abuelo’, ‘Todo sobre mi madre’, ‘En la ciudad sin límites’ o ‘La lengua de las mariposas’ nos dieron la medida de su talla como intérprete, tanto como aquel capítulo de gran y generalmente malentendida resonancia, en el que despachaba airadamente a un pesado, nos descubrían su genio indomeñable, su resistencia a servir de pasto al circo mediático de nuestros días.

En el epílogo de su vida y cuando toda su obra había sido consumada, nos legaba su más auténtico e íntimo testimonio humano en una entrevista que David Trueba convertía en película documental bajo el título ‘La silla de Fernando’, que bien podía haber sido subtitulada: “Lecciones de un maestro”.

Sólo unas horas después de abandonarnos, de sumarse a esta inquietante nómina de moradores de nuestro particular panteón de ilustres del cine, la literatura, los medios de comunicación, la música…, que se han ido en este 2007 (André Gorz, Ingmar Bergmann, Francisco Umbral, Pavarotti, Carlos Llamas, Juan Antonio Cebrián…), la sensación que nos invade a muchos es justamente de desamparo. Podría consolarnos contemplar cómo se han sucedido las muestras de dolor en esta tarde-noche; la convicción de que éstas seguirán amontonándose en forma de titular, de reportaje, de columna de periódico… Parecen decirnos: su obra pervivirá. Pero existen elementos que, sin embargo, acrecientan nuestro desasosiego: ¿cómo en el mismo día en el que Fernán Gómez se va, cuando en la mente de todos se vislumbraba desde hace tiempo el advenimiento del fatal desenlace, cómo, me pregunto, ninguna televisión ha tenido la decencia de reponer ninguna de las doscientas películas que interpretó, de las decenas que dirigió, cómo, insisto, ninguna cadena ha modificado su programación –excepción hecha de los informativos- para recordarle del único modo que un actor se merece, revisitando su obra?

Menos mal que él mismo hace mucho que preparó su epitafio. En un artículo publicado en El País en 1994, titulado 'El abrazo de la lectura' nos dejaba esta emotiva despedida, que tanto dice sobre lo que fue, sus pasiones, sus devociones, su visión serena: "Echo una mirada a la biblioteca. Cuántos libros en ella que ha devorado el olvido. Y cuántos que ya no podré leer. Quiero decirles a esos libros que no leeré nunca, que no se sientan despreciados. Sí sé que no los leeré es porque estoy en esa edad en la que al tiempo se le ve volar como a un gorrión asustado, en la que se nos escapa como agua en un cesto, en la que huye como algunos queridos recuerdos. Pero al decir adiós, que un libro me abra sus brazos y repose sobre mi pecho."

Todo un testamento al que se suman todos esos grandes momentos que ha legado a la posteridad a través de los personajes que llevó a la gran pantalla. Como el Conde de Albrit de Pérez Galdós recreado por Garci en 'El abuelo'. Una muestra ejemplar de contención, sobriedad y dominio de la escena.


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domingo, 18 de noviembre de 2007

Página 2. Un programa de libros diferente

(Óscar López dirige y presenta 'Página 2')
Para todos aquellos a quienes nos apasiona la lectura y –conocedores de que son actividades incompatibles, o al menos desaconsejables en un mismo momento- sabemos también disfrutar de la televisión, la buena, que no por poco frecuente, deja de existir –la de Informe Semanal, los monólogos de Buenafuente y En portada-, la aparición de un nuevo programa de libros supone todo un acontecimiento. Por eso, tras enterarme por un programa de radio, de que La 2 se disponía a estrenar un espacio dedicado a la materia aguardaba con impaciencia el momento de la emisión de la primera entrega. Hablo de Página 2, que desde hace un mes o cosa así se sumaba a la oferta televisiva en abierto de las tardes del domingo. Había escuchado en una entrevista realizada a su director, Óscar López, que el programa pretendía ser algo más que un espacio de libros al uso, que se había propuesto romper con el clásico esquema de entrevista a un autor con novedad bajo el brazo para dar paso a un cocktail más diverso, abierto, distinto.

Y era cierto. Página 2 es un programa “moderno” –que diría mi difunta abuela-, con una imagen esmerada, atractiva, en cierto modo nada libresca para lo que estamos acostumbrados a ver en televisión, planteado como una especie de revista de actualidad del panorama editorial en España que antepone la variedad a la profundidad, lo visual a lo textual, lo que tratándose de un programa de libros podría haber resultado una peligrosa paradoja, que sin embargo sus responsables han conseguido superar. En cierto sentido, han preferido ponernos el caramelo en la boca antes que empacharnos con una posible digestión pesada, el ligero picoteo al cocido madrileño.

Personalmente, nunca he tenido nada contra aquel modelo de programa de libros basado en una larga entrevista que comentaba más arriba. Vamos, que no me perdía ninguno de los “Negro sobre blanco” de Dragó, sí, pese a Dragó. Pero agradezco el afán innovador de López y su equipo, el haber pensado en términos televisivos, con las ventajas e inconvenientes que esto acarrea.

Ahora bien –siempre hay un “pero”-, si los microespacios “complementarios”, aquellos dedicados a las novedades editoriales, el ranking de libros más vendidos, el que interroga sobre las preferencias literarias de algún personaje famoso, o el dedicado a relacionar literatura y cine, resultan un entretenido pasatiempo –en este sentido, que giren en torno a los libros casi parece una excusa-, la sección central, inteligentemente fraccionada a lo largo del programa, que es la entrevista a algún autor de relieve, pese al atractivo formato en el que está planteada, parece condenada a acoger a autores de éxito, independientemente de la calidad literaria de sus propuestas. Es decir se vislumbra cierta deriva hacia lo “comercial” si me permiten término tan manido. Tal vez la escasa duración del programa facilite esta tendencia “bestselleriana” que ha marcado los primeros programas. Sólo el apartado semanal dedicado a un reportaje sobre temas relacionados con el mundo editorial –este último domingo versó sobre los autores noveles- consigue equilibrar un poco esta orientación hacia un público de masas, que es al que creo que menos le puede interesar un programa como éste.

Hay otro “pero” (y no me refiero al “uniforme” del presentador), aunque éste no es achacable a los artífices del programa sino a los lumbreras de programadores de la televisión pública que no han tenido mejor ocurrencia que hacer coincidir para Andalucía la emisión de ‘Página 2’ con la de ‘El público lee’, de Jesús Vigorra, otro de esos programas de libros atípicos –aunque por motivos diferentes- que forman parte de la escasa oferta de programas del género en nuestro país. Claro, que ya sé la respuesta que me darán desde La 2. Para eso tienes el grabador, o Internet. Y es verdad. Aunque no sé qué pensaría mi abuela.


viernes, 16 de noviembre de 2007

Réquiem por un blog

Dentro de la llamada ‘blogosfera’ existe una cantidad apabullante de bitácoras que en los últimos años han surgido para dar respuesta a las inquietudes personales de miles de personas que han encontrado en esta especie de diarios públicos una forma ideal de encauzar sus pensamientos y reflexiones sobre temas concretos, o simplemente para decir lo primero que se les viene a la cabeza. El blog -término que pronto veremos en el DRAE- ha venido de este modo a desarrollar las posibilides expresivas y conectivas de las personas, cumpliendo esa vieja aspiración de una ciudad ideal, participativa y democrática, en la que cabemos todos.

Pero, uno, que ha recorrido miles de estos, puede afirmar también que se cuentan con los dedos de la mano los que, más allá de la exhibición personal de una serie de fruslerías, ofrecen elementos originales, en el sentido de nuevos, y consiguen no incurrir en dos de sus vicios más frecuentes. Por un lado, la superficialidad. Muchos blogs son meros diarios íntimos pensados para su exposición pública -lo que no deja de ser una paradoja insuperable. Y otros muchos se limitan a hacer acopio de materiales ajenos -por medio de las técnicas de corta y pega o a través de innumerables vínculos-, a veces de manera reconocida, en otras tantas no a la hora de abordar las más diversas cuestiones.

Algunos blogs se han convertido en extensiones digitales de los medios tradicionales. Estos, especialmente de un año para acá se han dado cuenta de que era una corriente que debían incorporar antes de que se les convirtiera, como ya está sucediendo, en una seria competencia. Surgen así un buen número de blogueros que deciden buscar o aceptar un pisito en estas macrourbanizaciones de la información. La ventaja: al estar bajo la sombra de un gran diario la proyección sería enorme, contada por miles de visitas diarias. El inconveniente: la premisa básica del ‘blogger’, una insultante libertad de expresión, empezaba a tener los días contados.

Javier Pérez de Albéniz trató de demostrar lo contrario y alardeaba de ello. Él era en teoría crítico de televisión, pero desde ‘El Descodificador’ (su blog en elmundo.es) hablaba de todo. De tele, claro, pero también de política, ecología, libros, música… Desde la edición digital del periódico de Pedro J. se jactaba de decir lo que quisiera pese a los cabreos que se pillaban muchos de los lectores más conservadores del diario. Así fue durante mucho tiempo. No había límites, nadie le iba a coartar su libertad de expresión. Y de este modo no tuvo problemas en alabar a Prisa, cuando fue necesario, o arremeter contra Bush, Aznar, Rajoy, la Iglesia, etc., cuando y como le vino en gana. Incluso se permitió plantear sus serias dudas ante las teorías conspirativas del 11-M. Fue ese el día en se pasó de la raya y pudo verse a Pedro J con un vestido de su mujer puesto gritando: ¡que le corten la cabeza!

El pasado 2 de noviembre Pérez de Albéniz se despedía sin despedirse de su bitácora con un post titulado “Motivos para odiar un blog”. Un nuevo ejemplo de que el mundo flowerpower del ciberespacio también tiene sus castas, sus capos, sus cadenas.

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Actualización: 'El Descodificador' de Javier Pérez de Albéniz se ha trasladado. Es decir que sigue vivo. Una buena noticia que poco a poco va alcanzando a muchos de sus antiguos seguidores.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Tierra. La película de nuestro planeta



Sábado por la tarde. Una sala abarrotada de un centro comercial espera a que finalicen los anuncios en la pantalla para disfrutar de una hora y media de entretenimiento. Pero lo que el murmulleante público aguarda no es una superproducción, una peli de superhéroes, un trepidante thriller, o una de terror. Lo que entre sorbos de vasos de plástico y rumor de palomitas los espectadores se disponen a ver es un documental. Como lo oyen. Y encima de animalitos, como esos que acompañan las siestas de nuestros abuelos en las tardes de asueto. A quienes sigan un poco la actualidad no tengo ni que decirles que la película por la que más de cien espectadores han gastado 6 euros por ver es Tierra. ¿Algo está cambiando?

La cinta inicia su andadura en el Ártico, donde una osa polar y sus dos oseznos, nacidos bajo la superficie congelada, se despiertan con los primeros rayos del sol de la primavera y salen en busca de comida. Alastair Fothergill, el director del filme ha elegido a esta especie como “símbolo” de la película y del estado del planeta. Su agónica busqueda de sustento sobre una capa de hielo que cada vez es más delgada, a causa del cambio climático, representa el drama de una cinta que, a diferencia de Una verdad incómoda de Al Gore, no pretende transmitir al espectador la precariedad de nuestra existencia con discursos políticos y argumentos científicos. Aquí no hay lugar para las soflamas, por pertinentes que éstas sean. Tampoco se acusa directamente al ser humano de ser el causante del calentamiento global, aunque en algún lugar de la película se le haga responsable de haber modificado las rutas migratorias de determinadas especies con asentamientos o vallados que obligan a éstas a hacer más largos y expuestos itinerarios en su afán de encontrar el sustento. Es el sólo poder de las imágenes por encima de todo lo que nos conmueve. Es la nívea blancura amenazada de los osos la que se convierte en la mejor metáfora de lo que ya, no en ningún hipotético mañana, empieza a cernirse sobre todos.

No son sin embargo los miembros de esta familia los únicos protagonistas de la subtitulada como “La película de nuestro planeta”. Una elefanta y su cachorro en el desierto de Kalahari o una ballena jorobada y su cría de cinco meses son otros de los actores principales de esta magnífica producción de la BBC que ha supuesto cinco años de trabajo -incluyendo 200 días de rodaje a cargo de 40 operadores de cámara- y que es en primer lugar un verdadero drama épico en torno a la lucha por la supervivencia de muchas especies en este mundo cambiante.

Decía al principio que Tierra no era una superproducción, una peli de superhéroes, un thriller, o una de terror. Pero, además de un arrebatador alegado conservacionista, también es todo eso. Porque su producción ha sido cara. Porque muestra la heroica disposición de unos animales amenazados. Porque recrea la historia de una persecución. Y porque, como en toda película de miedo, existe agazapado un monstruo, más aterrador porque ni siquiera aparece en todo el metraje: el Hombre.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Clarin.com o el nuevo periodismo

Primero fue la Imprenta. Después vino Internet. Tal vez dentro de diez o quince mil años resuman así la evolución de la comunicación en las primeras etapas de nuestra era –que posiblemente no exista siquiera como tal. A los que nos dedicamos a la comunicación, incluso a los que lo hacemos en el ámbito local la actual revolución tecnológica nos lleva como en volandas. Al periodismo, que durante unos pocos siglos sólo se había visto alterado –en niveles irrisorios si lo comparamos con la actualidad- con la aparición de la fotografía, no lo reconoce ya ni la madre que lo parió. Y aunque el nuevo, el que estamos inventando no sea la panacea, a pesar de que la pluralidad de miradas y voces, en suma el aroma a fresca libertad que irradia no sea tan verdadero como pudiera parecer, no podemos negarle el hecho de que abre posibilidades casi ilimitadas y hasta hace nada impensables a quienes lo hacen y a quienes lo disfrutan, extremos antaño antagónicos que hoy con frecuencia se entrecruzan. Por esta vez no me enrollo más. En realidad lo que quería era enseñaros, si aún no lo habéis visto por ahí, ya que es un vídeo que está teniendo un amplio recorrido, cómo funciona la edición digital de un gran diario. Es la del rotativo argentino Clarín y resume en buena parte lo que unas líneas más arriba trataba de exponer.


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Rodin toma las calles de Málaga


La primera impresión es de auténtico impacto. Vas andando por la Alameda Principal y de golpe y porrazo cuando empiezas a doblar la esquina con Calle Larios, ahí te encuentras en toda su imponente grandeza, subido a su pedestal, la obra más famosa del artista francés. No es sorpresa. Ya sabíamos que estaba ahí. Habíamos visto la foto en los periódicos, visto las crónicas en la televisión. Pero produce como extrañeza descubrir que era cierto. Y en este caso las expectativas se ven colmadas. Quizá si la obra se encontrara justo enfrente, en la Plaza de la Marina, pongo por caso, el efecto sería distinto, o quizá no. Aquí la obra está en su sitio. Podría seguir aquí eternamente, hasta que ya no produjera sorpresa cada vez que nos la encontráramos al torcer la calle.

“El Pensador” nos gobierna desde arriba, aunque casi podría decirse al contrario, que somos nosotros los que curioseamos con indecencia, como esos programas televisivos de tarde, en su ámbito más íntimo. Un hombre desnudo, recogido sobre sí mismo, músculos y mente reconcentrados en un punto que no conseguimos aprehender por mucho que arremolinados lo rodeemos una y otra vez, como el león a su pieza, con actitud morbosa.
Sabemos que “El Pensador” es la obra más célebre de Rodin, escultor francés considerado por muchos como el “primer moderno” en Arte al romper con el academicismo imperante en su época. Pero qué piensa ‘El Pensador’. La pregunta es inevitable. Y hay que volver a su autor, a François-Auguste-René Rodin (París, 12 de noviembre de 1840 - Meudon, 17 de noviembre de 1917). Descubrimos así que la figura fue llamada en primer lugar “Dante Pensando” y que originalmente fue denominada “El Poeta”. Al parecer formaba parte de una comisión del Museo de Artes Decorativas de París para crear un monumental portal basado en La Divina Comedia de Dante en la que cada una de las estatuas representaba a uno de los personajes principales del poema épico. "El Pensador", en su origen, buscaba representar a Dante frente a las Puertas del Infierno, ponderando su gran poema.

“El Pensador” es pues Dante, y en cierta medida el propio autor frente a su época. Así lo han suscrito algunos críticos para quienes el artista francés era un hombre que vivía con angustia un tiempo en el que la ciencia, convertida en técnica da paso a fenómenos como el cine. Rodin se encontraría, como su Dante pensativo en Las Puertas del Infierno, justo en el centro, indeciso ante la perspectiva de tener que elegir entre enmarcarse en la tradición o revolucionar, como hizo, las artes escultóricas. Lo que se dice, si se nos permite la expresión, un apocalíptico en tránsito de crear las nuevas condiciones de integración artística del futuro.

Pero, si bien “El Pensador” de por sí, y sin tener la referencia respecto a su origen –lo que demuestra que el Arte auténtico no necesita de notas al pie para resultar sublime- corta el resuello, lo que viene detrás, una vez que uno avanza por la magníficamente remozada Calle Larios, resulta de una belleza sobrecogedora. Ninguna ilustración le hace justicia al hecho de poder ver en plena vía –pues para las calles estaba pensada su obra- seis “estudios” –aunque no hay que dejarse confundir por el término, pues constituyen seis verdaderas obras maestras- sobre los cinco prohombres que conforman el conjunto monumental 'Los burgueses de Calais'.

Se trata de un conjunto de figuras dispuestas a ambos lados a lo largo de la primera mitad de la calle que nos sumen de lleno en la emocional y profunda concepción del hombre que caracteriza la obra de Rodin. La escultura que como conjunto cerrado puede observarse en las inmediaciones del puerto francés del mismo nombre representa a los seis burgueses que en 1347, al inicio de la Guerra de los Cien años (1327-1453), se ofrecieron a dar sus vidas para salvar a los habitantes de la sitiada ciudad francesa. El episodio transcurre -según cuenta el cronista Jean Froissart- cuando el rey Eduardo III de Inglaterra, en septiembre de 1346, tras la batalla de Crecy, se dispone a tomar la ciudad. Tras varios intentos de los ingleses de franquear sus puertas el rey tomó la decisión en febrero del siguiente año, de dejar morir de hambre a los sufridos habitantes franceses. La situación se tornaba agónica, el agua y los víveres escaseaban y una expedición de niños y ancianos que abandonó el cerco murió extramuros al no permitir los ingleses que pudieran abastecerse. De este modo y tras retirar el rey Felipe VI de Francia sus fuerzas de la ciudad, el alcalde de Calais ofreció al rey inglés la capitulación a cambio de que los habitantes pudieran salir libres. El rey Eduardo se negó en un primer momento pero sus propios hombres le hicieron notar la valentía con la que los sitiados se habían batido por su rey. Así, el monarca se ofreció a respetar la vida de los pobladores de la ciudad si seis hombres notables se rindían ante él, vestidos en camisón, portando las llaves de la ciudad, y con una soga amarrada a sus cuellos. Los seis hombres, que pasarían a la historia con el sobrenombre de “los burgueses de Calais” fueron pues de esta guisa conducidos hasta los aposentos del rey donde sólo la piadosa mediación de su esposa Felipa de Hainault conseguiría ponerlos a salvo de la ira regia y salvar así sus vidas.

Donde acaba el episodio comienza la leyenda, y donde la leyenda el Arte. Así Rodin Rodin recrea de forma patética la historia de seis hombres que tras sobrevivir un sitio de un año se dirigen voluntariamente hacia la muerte. Pero lejos de representarlos como seis mártires, como santos o superhombres, refleja la duda, la angustia, la desesperación, el desasosiego de aquellos que sienten abrirse el Abismo bajo sus pies.

Todo esto es lo que puede contemplarse por unos días en pleno centro de Málaga. Todo demasiado bello como para perdurar, aunque nos atreveríamos a correr el riesgo de exponernos a padecer el síndrome de Stendhal a fuerza de mirar y remirar con arrobo el trabajo de uno de esos escasos artistas capaces de trascender su tiempo y pasar a la Historia a la vez como “clásicos” y “modernos”.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Desiertos remotos

Seguro que recuerdan el pasaje:

“No creo, sinceramente, que los autores intelectuales de los atentados, los que hicieron esa planificación, los que deciden ese día, precisamente ese día..., no creo que anden en desiertos muy remotos ni en montañas muy lejanas”.

Lo dijo el ex-presidente José María Aznar en un momento de su larga comparecencia de casi 11 horas ante la comisión de investigación del 11-M. Han pasado casi tres años desde aquello. Aunque, quién lo diría, parece que fue ayer. Al menos, nadie entre sus filas ha desmentido la tesis “oficial”. La teoría de la conspiración.

Los jueces, sin embargo, parecían haber anulado cualquier hipótesis conspiranoica. No se rompió la cadena de custodia de la famosa Kangoo, los explosivos provenían de la asturiana Mina Conchita, en definitiva, y como titulaba la edición digital del diario El Mundo -ejem- “Ninguna de las pruebas avala la relación entre ETA y los islamistas”. Toma ya. Pero, ¿qué pasa con la “autoría intelectual” de los atentados? ¿Eran los condenados unos autómatas que actuaban gobernados a distancia por hipnosis? ¿Y qué quería decir Aznar con que los ideólogos del 11-M no se encontraban en desiertos remotos? Inquietante.

Quienes siempre hemos pensado, por confianza en el sistema, por ingenuidad tal vez, que no había fantasmas de ningún tipo en torno a la investigación del 11-M hace tiempo que nos cansamos de escuchar pamplinas, y la indignación que un día sentimos al leer determinados medios o escuchar a algunos políticos tratando de hacer caja con material tan sensible había dejado paso al hastío. Pero, por insólito que parezca, esta visión alucinada de los hechos ha calado entre la población. Esta misma semana, un medio de comunicación difundía los datos de una encuesta, según la cual un tercio de los votantes del PP creía que ETA había tenido algo que ver en los atentados. Nada de particular si tenemos en cuenta que la misma mañana del fallo, Jiménez Losantos, desde su altar radiofónico, afirmaba que los jueces transferían la responsabilidad intelectual de los atentados a “dos moritos y un asturiano”. Otra vez la dichosa “autoría intelectual”.

Otro gallo hubiera cantado si la mayor parte de los terroristas implicados en el caso no se hubieran autoinmolado en el piso de Leganés. Pero con las pruebas que había sobre la mesa era inevitable que la sentencia no consiguiera cerrar el falso debate mediático en torno al 11-14M (aunque, ¿alguien ha escuchado pedir que se establezca la “autoría intelectual” ante cualquier atentado de ETA?)

Lo peor de todo es que así olvidamos lo esencial: que lo que ocurrió aquel trágico día en Madrid podría volver a repetirse y que en vez de enmarañarnos en absurdas controversias, haríamos mejor en analizar las raíces del terrorismo islámico y tratar de poner en marcha todos los mecanismos necesarios para acabar con él o cuando menos neutralizarlo. Y ni acusar a ETA de crímenes que no ha cometido, ni invadir países con falsos pretextos posibilitando que el terrorismo islamista encuentre un nuevo vivero para su crecimiento y radicalización, parecen los métodos más adecuados.

Me gustaría saber qué ha pensado Aznar de la sentencia dictada. Me lo imagino altivo -y con ligero acento tejano, no sé por qué- diciendo a sus allegados: “¿lo veis? Lo que yo decía, aquí hay gato encerrado. Preguntadle a Gabilondo. Ése sí que sabe”. Habrá utilizado el mismo tono que gastó cuando hace unos meses valoraba retrospectivamente la entrada de España en la guerra de Irak. “Ahora es fácil saberlo”. Dijo el tío. Ahora que tenemos pruebas. Porque sin pruebas no puede haber condena, ¿no?

Con los datos recogidos cualquier ciudadano puede escribir también otra sentencia. No necesita seiscientas páginas. Se resume en dos líneas: existen ex-presidentes de Gobierno irresponsables que no habitan en desiertos remotos aunque dictan conferencias en Georgetown.

Lo digo y lo pruebo.

 
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